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THE HORIZONT POST

El periódico libre para los individuos libres.

La paradoja nacionalista en España

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La cuestión del nacionalismo y el independentismo está de actualidad en España. Catalunya, constituida como Comunidad Autónoma y nación histórica del Estado Español está iniciando un proceso de separación para formar un nuevo Estado.

El nacionalismo no es nuevo ni en España ni en el mundo. Otras partes de España, naciones, también tienen focos nacionalistas: Euskadi, Galicia e incluso Andalucía.

En el mundo, y más específicamente en Europa, el nacionalismo nace de la mano del liberalismo. Se forma el concepto de Estado subordinado al concepto de Nación.

En la actualidad hay otra corriente, la postnacionalista, que sigue creyendo en el concepto del Estado nacional pero a su vez otorgando competencias a organizaciones supranacionles. Un ejemplo de postnacionalismo es España y la Unión Europea. Francia, España, Alemania, etc… se siguen manteniendo como Estados independientes pero con determinadas políticas comunes. Esto surge como consecuencia de la globalización, dejando atrás el concepto de Estados nacionales.

El término nacionalista suele ser peyorativo y muchas formaciones políticas no lo utilizan y prefieren llamarse independentistas. Se llega al extremo de decir que no son nacionalistas.

Tenemos los siguientes conceptos:

  • Nación: conjunto de personas con una cultura, idioma y pasado comunes.
  • Estado: territorio que alberga una población que tiene un Gobierno.
  • Nacionalismo: a cada nación le corresponde un Estado. Esto luego tiene diversas variantes que van desde el nazismo hasta nacionalismos más liberales y democráticos.

El nacionalismo en su forma más sencilla es la búsqueda de un Estado para cada Nación que exista. Esto tiene su buena y su mala cara. Por una parte en el nacionalismo subyace la idea de una democracia que se sustenta sobre una población que tiene un pasado y cultura similar, por lo cual las disputas serán menores que en un Estado con gente muy diversa. Es más sencillo llegar a acuerdos con una población que comparte una cultura en común, y por ende, mantiene unas costumbres, opiniones y comportamientos similares tomados por un entorno de convivencia parecido. Poniendo un caso sencillo, un yihadista y un occidental van a discrepar en puntos muy esenciales. Sin embargo en Europa, en España, tenemos unos valores humanistas y socialdemócratas de los cuales es difícil salirse y si te pasas de la raya serás una persona “rara” e incluso antieuropea o inhumana.

Ahora también están auge en gran cantidad de países de Europa movimientos antieuropeistas que tienen como base un discurso descentralizador. La UKIP en Reino Unido, el Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, los neonazis alemanes, etcétera…

En el caso particual de España, al ser un Estado en el que conviven diversas naciones, ha tenido y tiene diversas situaciones parecidas. La más actual es la cuestión catalana.

El nacionalismo catalán, vasco, gallego, etc… se está empezando a transformar para convertirse en otro concepto diferente: independentismo. Tanto es así que estos nuevos sujeros independentistas se declaran no-nacionalistas. ¿Realmente dejan de ser nacionalistas? Algunos de estos independentistas suelen estar emparejados a ideologías de izquierdas: Esquerra Republicana, EH-Bildu, Bloque Nacionalista Galego… Una persona de izquierdas, sobre todo en el panorama más de centro-izquierda, solicita que el bien común esté por encima del particular. En España nos encontramos con la solidaridad interterritorial mediante el cual las comunidades más ricas ceden recursos a las demás comunidades. Esto no sucede en los regímenes forales de Euskadi y Navarra, que gestionan sus propios impuestos. ¿Cómo cuadra que un partido de izquierda anteponga el beneficio de una minoría contra el bienestar de la mayoría? ¿Cómo encaja?

Es más, el nacionalismo surge con más fuerza en los territorios más ricos y donde gobiernan los partidos de derecha como el PNV en Euskadi o CDC en Catalunya. El nacionalismo ha ido generalmente ligado a ser un instrumento para que las masas se rebelasen y así los ricos, u otros colectivos que se aprovechasen, manteniesen o ganasen poder.

 

Otra cuestión también contradictoria es la que se intentaba expresar hace varias frases: la diferencia entre el nacionalismo y el independentismo y los independentistas que no se definen nacionalistas.

Aquí nos encontramos con claras contradicciones: por un parte los nacionalismos catalán, vasco, gallego… que acusan al Estado de centralista, y a su vez, la del nacionalismo español que pide mayor centralización del poder (partidos políticos de derecha y extrema derecha como VOX o la Falange y partidos constitucionalistas y postnacionalistas como Ciudadanos o UPyD).

Resulta curioso como ambos palos actuan de una forma muy parecida, pero con un punto de referencia, una nación, distinta. Para unos es España y para otros es Catalunya. Pero ambos siguen enzarzados en esa idea de nacionalismo.

Normalmente suelen desmarcarse todos del término nacionalismo porque se asemeja a Hitler y la Alemania Nazi. No, señores, nacionalismo no es eso. Eso es un tipo de nacionalismo. En tiempos pasados el nacionalista era de conquista y expansivo, ahora es más bien separatista y secesionista. Que no se realce la nación con armas y con muertes no significa que se deje de ser nacionalista.

La forma más sencilla de calar a un nacionalista que se autoproclama no-nacionalista es preguntarle si aceptaría el derecho de secesión de una provincia (o de un individuo en caso extremo) de su nación. La respuesta será un no rotundo. Cuando se trata de naciones y sentimientos, los territorios pasan a tener más derechos que los individuos. La libertad nacional se situa por encima de la libertad individual. El sentido común no importa. Se es contradictorio.

 

En definitiva, si usted está a favor de la independencia de Catalunya, Galicia o Euskadi y, sin embargo, se lo niega a una entidad menor, está subordinando la independencia al concepto de nación: es usted nacionalista.

 

  • Nacionalismo e independentismo son cosas muy diferentes.
  • Aquel que subordina el concepto de Estado a la nación, es claramente nacionalista.
  • Aquel que niega el derecho de secesión de un territorio de su nación basándose en su Estado-nacional, pero a su vez se declara no-nacionalista, está cayendo en contradicción.
  • El independentismo reclama la independencia de un territorio, no necesariamente de una nación. El nacionalista es independentista, pero no siempre ocurre al revés.

 

Eduardo González Vaquero.

Sobrevivir en el mercado laboral español

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Sí, te graduaste, estabas preparado para entrar triunfante dentro del mercado laboral. Pero la cosa está mala. La economía no marcha. Desde 2008 la crisis hace que nuestra ya mala perspectiva sobre España sea incluso peor. Así que decidiste hacer un máster, por si las moscas. Si pudiste, elegiste un lugar de prestigio, de los que en España hay varios, (IE, ESADE) en contraposición con las universidades, curiosa paradoja. Si no, te conformaste con alguno que ofrezca un colegio profesional o el de tu propia universidad, que algo es algo y hay que acumular papeles que digan lo bueno que eres.

Ahora, ahora es el momento de que te comas el mundo, los jefes se rendirán ante ti, y joder eres un máster, tienes un papel que lo dice. Nada puede pararte, por fin eres BECARIO. Tienes un sueldo que en los mejores casos te puede permitir decir bye bye a tus padres y colocar un techo sobre tu cabeza al que puedas llamar “mi casa” aunque estés de alquiler y se parezca más a un zulo que a un hogar. Pero nada es para siempre.

Se te acabó la beca y las cosas no están para contratarte. La crisis se ha llevado los beneficios de la empresa y nadie está dispuesto a pagarte más de 800€. Te estás quedando sin opciones y parece que vas a tener que volver a casa con papá y mamá. Siempre puedes salir de España, tienes un amigo en Londres al que no le va mal. Pero tienes una segunda opción. Puedes continuar con tu beca ¿pero cómo? Hace ya tiempo que no eres universitario y tus años de master ya no valen para eso. Además ¿estancarse de becario? si no estás ocupado creciendo estás ocupado muriendo.

Reflexionas, dejar a tu familia, tus amigos, tu novia y tu piso de alquiler, por una aventura en el extranjero donde quizás ganes un poco más de dinero y puedas volver con más de experiencia, o aguantar un poco más, al fin de al cabo la crisis no puede durar para siempre y nadie va a mover Londres de donde está. Quizás tengas un corazón aventurero pero en España se vive muy bien y te decantas por la segunda opción, aquí entran los dos protagonistas de este artículo.

Primero, el real decreto 1707/2011 del BOE del 10 de diciembre de 2011, (el BOE sí, palabra del estado… Amén) que trata de regular la situación de las prácticas que se realizan durante los estudios superiores, y digo trata porque de lo escrito a la realidad siempre hay un trecho. Las prácticas permiten a una empresa contratar gente formada a un precio que se pueden permitir y al practicante obtener su primera experiencia laboral que le pueda llevar en el futuro a un trabajo de verdad. Según este decreto sólo estudiantes universitarios o de centros adscritos a las universidades pueden realizar prácticas de este tipo, y esos centros son los protagonistas número dos.

Entre estas instituciones encontramos a la Escuela de empresa, la Escuela de negocios y dirección o la Fundación diálogo, que ofrecen, a un módico precio, una manera de continuar con tu puesto de becario que tanto te ha costado alcanzar. Por entorno 300 € puedes formar parte de uno de sus cursos on-line en “inteligencia emocional y dirección de equipos” o en su “curso superior en aprender a delegar. Empowerment” los cuales te convertirán de nuevo elegible para ser becario. Es decir, de tu sueldo de becario tienes que dirigir 300 € a un curso probablemente inútil para tu formación, pero que te permite seguir trabajando.

Después de todo esto, convertido en un experto prestidigitador, (el “doble irlandés” o el “sándwich holandés” ya son solo minucias para ti) decides, en un ejercicio de cinismo, convertirte en objetor de conciencia junto a Martin Luther King, Ada Colau, y Artur Mas, frente a las leyes laborales españolas, que impiden negociar directamente  con tu empleador y crean beneficiaros secundarios, esas instituciones que te ayudan a readaptar las leyes a la realidad.

 

Rafael Navarro González

 

Alcanzar la anarquía


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La anarquía es tenida por muchos como la mayor de las utopías. Así como hay fervorosos comunistas, fascistas, conservadores; es díficil encontar, dentro del espectro liberal, gente que busque con fervor este fin último, quedándose en el pragmatismo. Sin embargo, ¿es posible alcanzar la anarquía? En caso afirmativo, ¿qué medios deberíamos usar los libertarios para este fin? Antes de empezar, aclarar que con estas reflexiones no pretendo ser dogmático, sino analizar la disponibilidad y eficacia de los medios a nuestro alcance desde mi perspectiva.

La inmensa mayoría de los liberales que se quedan en el pragmatismo confían en un medio: la democracia. Confían en que se use el poder para progresivamente reducir el poder. Aseguran que así se garantizan nuestros derechos, pues un súbito cese del gobierno provocaría la tiranía. Pero, ¿es esto eficaz? No. EE.UU tiene una tradición de 250 años de democracia, y sin embargo, es el país con más presos comunes del mundo. Sus libertades no hacen más que recortarse con el tiempo. Ha pasado menos de 20 años de paz en toda su historia, y espía indiscriminadamente a sus ciudadanos. En “El Gorgias” de Platón, escrito hace 25 siglos, se define la democracia como una forma de poder en la que no gana el mejor, sino el más demagogo (palabra que se ha puesto de moda en estos últimos años), poniendo el ejemplo de que un demagogo conseguiría puesto de médico antes que un buen doctor pues sabría venderse mejor que este. Parece pues, difícil, que en las democracias actuales, donde la gente apenas sabe lo que defiende y tira más a por el político que más beneficios le dé (siempre a costa de los demás), un liberal sea capaz de llegar al poder (o alguien dispuesto a cambiar el sistema). Pero supongamos que lo hace. El poder corrompe. El puesto ofrece tantos incentivos y atractivos que muy difícilmente un individuo los tiraría por la borda. Por tanto, aunque se consiguiera llegar a la cima, de poco o nada serviría. Una prueba de esto es que iconos de los “liberales” (Thatcher, Reagan…) no son personas que recortaron el poder sino que lo ampliaron moderadamente.

Otro medio, muy contemplado asimismo, es una revolución armada que derrocase al gobierno, recurriendo al principio de legítima defensa. Esto presenta numerosísimos inconvenientes. Para empezar, plantea el mismo dilema que la democracia: una vez en el poder, nadie en su sano juicio lo recortaría. Esto lo avala la historia: siempre se repite el mismo ciclo: gobierno débil, revolución y caos (que no anarquía), gobierno duro y represor, gobierno débil de nuevo. Una vez acabada la revolución, las facciones que hubiesen tomado parte se enfrentarían entre ellas por ostentar el poder y usarlo para reprimir cualquier levantamiento (sobrados ejemplos de esto tenemos en el siglo XX). El gobierno resultante, además, ampliaría este poder para prevenir futuras revoluciones en el futuro. Y en caso de que la revolución fracasase, el gobierno tendría la excusa perfecta para recortar libertades con el beneplácito de gran parte de la población(mírese lo de París y sus consecuencias).

Y todo esto sin tener en cuenta la injusticia que generaría una revolución que, como cualquier guerra, genera separación y odio. Además de un profundo recelo hacia los revolucionarios. Por tanto, aunque justificable moralmente, no parece tampoco un medio para conseguir el fin del Estado central.

Entonces, ¿como acabamos con el Estado? Haciendo ver a la gente que este no es necesario. ¿Cómo se consigue esto? Si hacemos un análisis de la sociedad, podemos ver que gran parte de esta es meramente transmisora de ideas, y que solo un pequeño grupo las crea (una de las consecuencias de esto es la fe ciega en la política y los partidos). Por tanto, si se consiguiese “infectar” a un grupo suficientemente grande de gente y que esta la transmitiese, que se formase una comunidad que permitiese la vida sin la intervención del Estado, y efectivamente renunciase a este…¿qué haría el poder para recuperar el control? La inacción ciertamente no les convendría, pues además de incitar a otras personas a unirse a este modo de vida y rechazar su coacción, podría generar que otros grupos formaran sus propios Estados (nacionalismos, microestados socialistas, etc), huyendo del todopoderoso estado central hijo del despotismo ilustrado. Aquí la torpeza del Estado beneficiaría nuestros valientes secesionistas. Al no ceder estos a sus leyes, la única solución será recurrir a su reducción por la fuerza. ¿Cómo tomaría la sociedad semejante ataque? ¿De verdad toleraría la agresión contra un grupo de personas pacíficas que no interactúan en ningún modo en sus vidas? Cierto, el Estado usaría su retórica, pero también lo podrían hacer estos, retratando al Estado como lo que realmente es: el dueño de esclavos. Ese esclavo somos nosotros, aunque mediante seducciones nos haga pensar que trabaja para nosotros.

Por tanto, urge desprestigiar al Estado, tanto en el campo teórico como en el pragmático. Si asumimos que el Estado es el amo de los esclavos, entonces asumimos que es malo per se. Por tanto debe ser eliminado. Por supuesto, muchos dirán que es un mal necesario. En otros tiempos también fueron considerados males necesarios la esclavitud o el gobierno de la Iglesia, y fueron suprimidos porque un grupo valiente de hombres y mujeres decidió que aquello no era soportable y lucharon contra ello. Los datos están ahí, es hora de salir y empezar a difundir este principio, pues tolerar un mal mínimo es suponer que no existe algo mejor y predisponerte al mal mayor.

Pedro Aparicio

¿Deberíamos prohibir las armas?


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Es cierto que en las mano inapropiadas, a pesar de su utilidad, su uso puede ser potencialmente mortal. De hecho es una de las principales causas de muerte en el mundo de origen no-natural.

Muchos defendemos que dado que la mayor parte de las muertes por su uso ocurren en ciertas zonas, son esas zonas las que deberían dejar de existir. Sin embargo, mucha gente, a lo mejor usted querido lector, cree que al ser algo potencialmente peligroso debería ser prohibido en general en lugar de actuar directamente sobre las zonas con más incidentes mortales.

Por tanto tenemos dos opciones, la prohibición o acabar con las zonas de mayor peligro.

¿Que es lo que usted prefiere? Piénselo un segundo y entonces siga.

Querido lector, me temo que he jugado con su percepción y le ruego me disculpe. Yo no he hablado de armas en todo el texto, solo en el título para inducirle a pensar que hablaba de ellas. Realmente hablaba de los coches y de los puntos negros. Si duda, relea el texto.

Si usted a elegido acabar con las zonas de mayor peligro, ha creído que el mayor problema de los accidentes de trafico son los puntos negros, y que hay que acabar con ellos. Si ha creído que lo mejor es la prohibición total le ruego que deje de usar el coche.

Posiblemente, si ha defendido la prohibición,  le sorprenda  el resultado. Seguro que buscará justificaciones posiblemente utilitarias: que si el coche es muy útil, que si hay pocos puntos negros. Todas esas justificaciones son aplicables a las armas. Se estima que cada año el uso preventivo de las armas en E.E.U.U. salva 2.5 millones de vidas. En relación con la superficie de Estados Unidos, las zonas libres de armas son pocas. Además, estoy seguro que a la hora de defender la prohibición, usted no valora esas cosas, solo que hay matanzas. Por tanto, por honestidad intelectual, solo tome la potencial peligrosidad de los coches.

Espero que esto haya ayudado a reflexionar a alguno y a darse cuenta del verdadero problema y como, gracias a la masiva mediatización podemos ver como correctas soluciones diferentes (prohibición o puntos negros) a dos problemas con muchas más similitudes de las que se podría pensar a priori.

 Guillermo Quintana-Lacaci

 

 

 

Claves para entender la teoría de la liquidez. II


ECONOMÍA

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Se suele decir que el gran problema de la reserva fraccionaria es que si todos aquellos que tienen una cuenta en el banco retiran a la vez ese dinero, el banco no puede responder a esa demanda.

Lo que tenemos en el bando los cliente son promesas de pago, no dinero en depósito (aunque se llame así). Si fuera en depósito no aparecería en el balance del banco, como no lo hace lo que está en la cajas de seguridad.

La fórmula básica de la contabilidad es la siguiente:

Activos = Pasivos + Patrimonio

Las promesas de pago, o el dinero que tenemos en nuestra cuenta del banco aparecen en el pasivo del banco. Si ese banco no usara ese dinero para nada, todo el dinero correspondiente a esas promesas de pago adquiridas aparecería como saldo de tesorería (efectivo) en el activo del balance.

Veamos en caso de la empresa española más solvente, Inditex.

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En este caso podemos ver que los pasivos corrientes (los que vencen dentro de menos de un año) son 3.748.828.000 € y que el epígrafe de “Efectivo y Equivalentes” marca 3.797.930.000€. La empresa tiene efectivo y equivalentes para hacer frente al pago de las obligaciones a corto plazo, incluso si los deudores a corto plazo no pagarán a Inditex.

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Si nos fijamos bien, Inditex solo tiene en efectivo 2.135.021.000€, un 57% de la deuda a corto plazo, o un 57% de coeficiente de caja. ¿Hace eso que sea una empresa que pueda quebrar en cualquier momento? Obviamente no. Tiene bienes, promesas de pago, altamente líquidas, con las que hacer frente a los pagos en caso de desastre. Esto es, si la deuda a corto plazo – la deuda a la vista – que figura en el activo del banco es de suficiente calidad, no hay ningún problema.

Un caso radicalmente contrario al de Inditex es el que presentaba Zinkia en 2012.

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En este caso, ya directamente el pasivo corriente es mayor que el activo corriente y no digamos si nos fijamos en la tesorería, que es un solo 20% de la deuda a corto plazo. Pretenden compensar lo que deben ahora con lo que pueden liquidar en el futuro, pero a efectos prácticos la empresa esta quebrada, a mínimo que se pongan las cosas complicadas. De hecho, Zinkia presentó concurso de acreedores en 2013.

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Y este último es el caso en el que están los bancos en la actualidad. Es lo que viene a llamarse descalce de plazos, ya que la deuda vence antes que las promesas de pago. Los bancos usan las deudas a la vista que tienen contra sus clientes (pasivo corriente) para financiar proyectos a largo plazo como hipotecas (activo no corriente). ¿Por qué? Simple, por la curva de rendimientos. Esta curva dice qué, como es lógico, se paga menos interés por una deuda a la vista que por una a largo plazo. El banco paga al cliente un interés bajo por su deuda adquirida contra el banco, y este cobra un tipo alto a sus deudores quedándose la diferencia como ganancia.

El problema de la existencia de un banco central, prestamista de última instancia por definición, es que al estar ahí para salvar a los bancos sí o sí, fomenta que los bancos incurran en un rentable pero arriesgado descalce de plazos.

La consecuencia de esto es que la curva de rendimientos se aplana, hay mucha demanda de deuda a largo plazo y eso baja los tipos de la misma, distorsionando la estructura productiva e iniciando el ciclo económico que acabará en crisis financiera y recesión.

Es por tanto el descalce de plazos, y no la reserva fraccionaria, el responsable de la descoordinación de la estructura productiva y del inicio de ciclo económico.

En resumen, querer prohibir la monetización de la deuda restringe la eficiencia de la economía. Un coeficiente de caja del 100% con banca central puede generar ciclos, si se usan depósitos a corto plazo para financiar deuda a largo plazo, aunque los depósitos a la vista estén garantizados en efectivo. Por tanto, el coeficiente del 100% de caja enquilosa la economía y no soluciona nada.

Lo importante es que los bancos aprendan, sea por quiebras sucesivas, a ser responsables como cualquier otra empresa.

 Guillermo Quintana-Lacaci

La carrera espacial del siglo XXI

NOTICIAS

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Era 1961, el presidente Kennedy anunciaba en un gran discurso que los Estados Unidos estaban decididos a ir a la Luna (aqui). Hasta ese momento y durante varios años más, sería la URSS la que encabezara la carrera espacial. En 1969 todo cambió. Neil Armstrong pisó la Luna y los Estados Unidos ganaron la carrera. Tras ello si alguien le hubiera preguntado a un estadounidense como creía que iba a ser el mundo en 2015, a ninguno se le olvidaría colocar una base espacial en la luna y quizás también otra en marte. Pero no, el espacio pasó de moda, todo era demasiado caro y la URSS, ya vencida en ese aspecto, estaba de capa caída.

 

La NASA hoy en día tiene más de 10 grandes instalaciones desperdigadas por todo Estados unidos. Esto es efecto de la intervención de los burócratas americanos, más interesados en hacerse con alguna de esas instalaciones para su estado que en los resultados de la agencia. Asimismo durante  los últimos años, la injerencia del departamento de defensa en los diseños de las naves ha hecho que estas no sean del todo óptimas para el desarrollo de las actividades científicas de la NASA. Además hay que tener en cuenta que es una organización mastodóntica, donde la comunicación de arriba abajo es compleja, lo que la ha oxidado y dejado sin el lustre de antaño.

Sin embargo no hay burocracia que doblegue al instinto explorador del ser humano y son tres compañías privadas las que se han lanzado de lleno a la aventura del espacio desde 2002. La primera, Virgin Galactic, del multimillonario Richard Branson parece decadente desde que el 31 de octubre del año pasado su nave SpaceShip Two tuviera un accidente. En segundo lugar, SpaceX, del polifacético Elon Musk creador de Tesla y PayPal, y en tercer lugar, Blue Origin de Jeff Bezos fundador de Amazon. SpaceX y Blue Origin, seguramente por la presencia de Bezos y Musk, son las más populares en el mundillo.

Blue Origin, hace ocho días maravilló a todos demostrando con su cohete New Shepard lo que SpaceX ha estado intentando durante el último año (último intento), conseguir un aterrizaje limpio con una nave espacial reutilizable (video aqui). Sin duda una gran noticia y una hazaña para la empresa de  Bezos. Aun así existen muchas diferencias entre el Falcon 9 de SpaceX (vehiculo habitual de sus lanzamientos) y el new Shepard de Blue Origin. El Falcon 9 es un cohete de 70 metros de altura que puede colocar cerca de 5 toneladas de carga en una órbita geoestacionaria, en cambio el New Shepard, aunque técnicamente ha alcanzado el espacio (la barrera de los 100 km), está lejos de poder colocar nada en órbita y parece estar diseñado para realizar misiones de turismo espacial. Es decir, comparar ambas naves es como comparar un camión tráiler con un coche de tres puertas.

Si se sabe algo de Elon Musk es que a largo plazo quiere colonizar Marte, pero para ello tiene que ganar mucho dinero. A pesar de los  agoreros, SpaceX es la empresa del sector espacial que más crece y lo consigue siendo la más económica llevando material a órbitas en torno a la tierra. Es decir, ¿quieres aprovisionar la estación espacial internacional de forma barata? llamas a SpaceX ¿quieres poner un satélite en órbita sin dejarte un riñón? llamas a SpaceX, y es con los satélites con lo que quiere revolucionar a corto plazo nuestro mundo. Si consigue crear su cohete reutilizable, (este mes es el próximo intento de aterrizaje) mandar un satélite a órbita costaría 100 veces menos. Su idea es unirse a Google para crear una red de 4000 satélites en torno a la tierra, para conectar a internet a los 3000 millones de personas que aún no tienen acceso en los países subdesarrollados.

Se ve que Musk, Sergei Brin y Larry Page (fundadores de Google) solo saben soñar a lo grande, pero aún hay otro jugador en todo esto, Mark Zuckerberg. A través de su organización Internet.org trata de ofrecer servicio de internet a aquellas personas que aún no tienen acceso, y aunque la experiencia a través de internet.org es limitada, es mejor que nada. Se ha estado rumoreando con la posibilidad de ofrecer los servicios de internet.org a través de conexión por satélite lo que aunaría ambos proyectos. Pero ¿Por qué Zuckerberg y Google quieren regalar conexión a internet a esos 3000 millones de individuos? Ofrecer a personas sin recursos acceso a internet significa que tienen más posibilidades para acceder a una mejor educación, encontrar ideas que puedan cambiar su vida o sencillamente comunicarse más fácilmente. Pero dejando a un lado todo ese marketing, las redes sociales, como la mayoría de redes de comunicación, presentan el llamado efecto red. Es decir ¿Por qué usar Facebook y no otra red social? Pues porque tus amigos ya están en Facebook. Cuanta más gente esté en Facebook más valor tiene Facebook, algo que Zuckerberg marcaría con un “me gusta” sin dudar. ¿Y Google? Google, aunque quiera dar la imagen de ser una compañía tecnológica diversificada (Android, Google glasses, Google Chrome, coches autónomos…) es el mayor monopolio de publicidad que existe en el mundo, e introducir 3000 millones de personas extras al medio en el que trabajan es una maravillosa noticia para la empresa.

Por tanto si todos esos proyectos acaban materializándose hay que recordar que esas 3000 millones de personas no tendrán internet por la benevolencia de Musk, Zuckerber, Bezos, Page o Grin sino por su propio interés. Vencer a la URSS ya no forma parte de la motivación para ir al espacio y mientras los burócratas dejen hacer, seguiremos teniendo cuentas atrás, lift-Offs, accidentes y conquistas en la última frontera.

Rafael Navarro González

La luna es una cruel amante

DOMINGO LIBERTARIO

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Para  este domingo libertario os dejamos un estracto de este libro de Robert A. Heinlein, escritor de ciencia ficción y abanderado individualista.

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Uno de los muchachos del grupo, el de más edad – alrededor de dieciocho años -, y aparentemente el cabecilla, me preguntó:

– ¿Dónde está el juez?

– Lo ignoro. No está aquí.

Se mordió el labio, visiblemente contrariado.

– ¿Qué es lo que pasa? – dije.

– Vamos a eliminar a este individuo – respondió sobriamente -. Pero queremos que el juez confirme nuestra decisión.

– Mirad en las tabernas de los alrededores – dije -. Probablemente le encontraréis allí. Un chiquillo de unos catorce años exclamó:

– ¡Caramba! ¿No es usted Gospodin O’Kelly?

– El mismo.

– ¿Por qué no actúa usted de juez?

El de más edad pareció aliviado.

– ¿Lo hará usted, Gospodín?

Vacilé, Desde luego, he actuado de juez más de una vez: ¿quién no lo ha hecho? Pero la responsabilidad no me atraía. Sin embargo, me preocupó oír a unos jóvenes hablando de eliminar a un turista. Quise saber algo más. De modo que le pregunté al turista:

– ¿Me acepta usted como juez?

Pareció sorprendido.

– ¿Acaso tengo derecho a elegir? – Desde luego – dije pacientemente -. Nadie puede obligarle a aceptar mi decisión. Al fin y al cabo se trata de su vida, no de la mía.

Pareció más sorprendido, pero no asustado.

– ¿Mi vida, dice usted?

– Eso parece. Ya ha oído decir a esos muchachos que se proponían eliminarle. Sí prefiere esperar al juez Brody…

No vaciló. Sonrió y dijo:

– Le acepto a usted como juez, señor.

– Como quiera.

– Miré al joven de más edad -. ¿Cuáles son las partes en litigio? ¿Tú y tu joven amigo?

– ¡Oh, no, Juez! Todos nosotros.

– Aún no soy vuestro Juez. – Miré a mi alrededor -. ¿Me aceptáis todos como juez?

Todos asintieron; ninguno dijo «No». El cabecilla se volvió hacia la muchacha y añadió:

– Será mejor que hables, Tish. ¿Aceptas al Juez O’Kelly?

– ¿Qué? ¡Oh, desde luego!

Era una muchacha más bien menuda, insípidamente bonita, precozmente desarrollada. No podía tener más de catorce años. De las que prefieren reinar sobre un rebaño de stilyagis a un matrimonio sólido. No les reprocho nada a los stilyagis: salen de caza alrededor de los pasillos porque no hay suficientes mujeres. Trabajan todo el día y no encuentran nada al llegar a casa por la noche.

– De acuerdo, el tribunal ha sido aceptado y todos quedan obligados a atenerse a mi veredicto. Vamos a establecer los emolumentos. ¿Cuánto podéis pagar, muchachos? Como comprenderéis, no voy a juzgar una eliminación por cuatro chavos. De modo que aflojad la bolsa, o le declaro absuelto.

El cabecilla parpadeó y luego conferenció brevemente con sus camaradas. Finalmente dijo: – No disponemos de mucho dinero. ¿Serán suficientes cinco dólares Hong Kong por cabeza?

Eran seis…

– No. No deberíais pedir a un tribunal que juzgara una eliminación por ese precio. Conferenciaron de nuevo.

– ¿Cincuenta dólares, Juez?

– Sesenta. Diez cada uno. Y otros diez tú, Tish

– le dije a la muchacha. Pareció sorprendida, indignada.

– ¡Vamos, vamos! – dije.

Tish parpadeó y rebuscó en su bolso. Tenía dinero; las muchachas como ella siempre tienen dinero.
Recogí setenta dólares los dejé sobre el escritorio y le dije al turista:

– ¿Puede cubrirlos?

– ¿Cómo dice?

– Los chicos han pagado setenta dólares Hong Kong por el juicio. Usted debe cubrir esa cantidad. Si no puede, vacíe sus bolsillos, demuéstrelo y puede quedar en deuda conmigo. Pero esa es su parte. – Y añadí -. No puede quejarse. Es muy barato, tratándose de un caso de pena capital Pero los chicos no pueden pagar mucho, de modo que sale usted favorecido.

– Comprendo. Creo que lo comprendo.

Depositó sus setenta dólares Hong Kong.

– Gracias – dije -. Ahora, ¿alguna de las partes desea un jurado?

Los ojos de la muchacha se iluminaron.

– ¡Desde luego! Vamos a hacer las cosas bien.

El terrestre dijo: – Dadas las circunstancias, tal vez necesite uno.

– Lo tendrá – aseguré -. ¿Quiere un defensor?

– Bueno, supongo que necesitaré un abogado, también.

– He dicho «defensor», no «abogado». Aquí no hay abogados.

Se encogió de hombros.

– Supongo que el defensor, si decido tener uno, será de la misma calidad… ejem… informal que el resto del procedimiento…

– Tal vez sí, tal vez no. Yo soy un juez informal, eso es todo. Si no le conviene…

– Mmm. Creo que voy a confiar en su informalidad, Señoría. El joven de más edad dijo: – Lo del jurado… ¿Lo paga usted? ¿O tenemos que pagarlo nosotros?

– Lo pago yo; he aceptado ser juez por ciento cuarenta dólares, en bruto. ¿No has estado nunca en un tribunal? Pero no voy a quedarme sin nada, pagando a unos hombres de los cuales podría prescindir perfectamente. Seis jurados a cinco dólares por cabeza. Buscad por la Avenida.

Un muchacho salió de la sala y gritó:

– ¡Hay plazas de jurado! ¡A cinco dólares cada una!

No tardaron en entrar seis hombres, que eran lo que cabía esperar encontrar en la Avenida Bottom. Pero no me preocupé, ya que no tenía intención de dejarles meter baza. Si uno es juez, tiene que serlo con todas las consecuencias.

Me senté detrás del escritorio y declaré:

– Se abre la sesión. Digan sus nombres y cuéntenme lo ocurrido. El joven de más edad se llamaba Slim Lemke, la muchacha era Patricia Carmen Zhukov; no recuerdo los otros nombres. El turista se llevó una mano al bolsillo y dijo:

– Mi tarjeta, señor. Todavía la conservo. Decía:

STUART RENE
LaJOIE Poeta-Viajero-Soldado de Fortuna

Lo ocurrido era trágicamente ridículo, un excelente ejemplo de por qué los turistas no deberían andar por ahí sin guías. Desde luego, los guías procuran esquilmarles… pero, ¿para que sirve un turista, sino? Este podía perder la vida por no haber buscado un guía.

Había entrado en un local frecuentado por los stilyagis, una especie de club. La muchacha había flirteado con él. Los chicos la habían dejado obrar a su antojo… puesto que la que invitaba era ella. Pero, en un momento determinado, ella había estallado en una carcajada y había descargado su diminuto puño contra las costillas del turista. El se lo había tomado tan a la ligera como cualquier lunático… pero había replicado de un modo inconveniente, deslizando un brazo en tomo a la cintura de Tish y atrayéndola hacia él, al parecer con la intención de besarla.
Ahora bien, en Norteamérica aquello no hubiera tenido importancia; he estado allí y puedo asegurarlo. Pero Tish quedó asombrada, y tal vez asustada. Empezó a gritar.
Y los muchachos se lanzaron contra él, sujetándole e impidiéndole moverse. Luego decidieron que tenía que pagar por su «crimen»… pero haciendo las cosas como es debido. Es decir, buscando un juez.
La mayoría de ellos eran incapaces de matar una mosca. Y lo más probable era que ninguno de ellos comulgara con la idea de una eliminación. Pero su dama había sido insultada y tenían que hacerlo.
Les interrogué, especialmente a Tish, y llegué a una decisión.
– Vamos a resumir el caso – dije -. Tenemos aquí a un extranjero. No conoce nuestras costumbres. Ha incurrido en una ofensa, y es culpable. Pero en mi opinión no se proponía ofender. ¿Qué dice el jurado? ¡Eh, usted! ¡Despierte! ¿Qué dice usted?

El jurado abrió los ojos, sacudió la cabeza y dijo:

– ¡Voto por la eliminación!

– Muy bien. ¿Y usted?

– Bueno… – El hombre vaciló -. Supongo que sería suficiente propinarle una buena paliza, para que la próxima vez se comporte como es debido. No podemos permitir que los hombres vayan por ahí sobando a las mujeres, si no queremos que esto se convierta en un lugar tan indecente como es Tierra, según dicen.

– Muy bien dicho – aprobé -. ¿Y usted?

Sólo uno de los miembros del jurado votó por la eliminación. Los otros sugirieron desde una paliza hasta una elevada multa.

– ¿Qué opinas tú, Slim?

– Bueno… – estaba preocupado… Delante de la pandilla, delante de la que podía ser su novia… Pero se había enfriado, y no deseaba la eliminación del turista -. Ya le hemos dado su merecido. Tal vez podría arrodillarse, y besar el suelo delante de Tish, y decir que lo siente mucho…

– ¿Hará usted eso, Gospodin LaJoie?

– Si usted lo ordena, Señoría…

– No lo haré. Este es mi veredicto. En primer lugar, ese miembro del jurado… ¡usted!, pagará una multa de cinco dólares Hong Kong, es decir, sus emolumentos, por haberse dormido durante el juicio. Cogedle, muchachos, y arrojadle a la calle.

Lo hicieron con el mayor entusiasmo.

– Usted, Gospodin Lajoie, pagará una multa de cincuenta dólares Hong Kong por no haberse tomado la molestia de informarse acerca de las costumbres locales antes de salir de parranda.

El turista pagó.

– Ahora, muchachos, poneos en fila. Pagaréis una multa de cinco dólares por cabeza por obrar desconsideradamente con una persona que sabíais que era extranjera y que desconocía nuestras costumbres. Me parece muy bien que evitarais que tocara a Tish. Me parece muy bien que le propinarais unos cuantos golpes, para que aprendiera más aprisa. Y podíais haberle arrojado a la calle. Pero hablar de eliminarle por lo que era un disculpable error me parece desproporcionado. Cinco pavos cada uno.

Slim tragó saliva.

– Juez… no creo que tengamos ese dinero. Al menos, yo no lo tengo.

– De acuerdo. Tenéis una semana para pagar, o expondré vuestros nombres en la Antigua Cúpula. Buscad el Salón de Belleza Bon Ton; allí encontraréis a mi esposa: pagadle a ella. Se levanta la sesión. Slim, no te marches. Ni tú, Tish. Gospodin LaJoie, vamos a invitar a estos jovencitos a un refresco, para que podamos conocemos mejor.

En sus ojos se reflejó una mezcla de asombro Y deleite que me recordó al profesor.

– ¡Una idea encantadora, Juez!

– Ya no soy juez. Tenemos que bajar un par de rampas. Sugiero que le ofrezca usted el brazo a Tish.

LaJoie se inclinó y dijo:

– ¿Milady? Con su permiso… – Y pasó su brazo por debajo – del de la muchacha.

Tish le devolvió la inclinación. – ¡Spasebo, Gospodin! Con mucho gusto.

Les llevamos a un local caro, en el que sus llamativas ropas y su excesivo maquillaje desentonaban visiblemente. Los dos estaban muy nerviosos. Pero yo traté de tranquilizarles, lo mismo que Stuart LaJoie, con mucho éxito, por cierto. Obtuve sus señas, pensando en un plan de Wyoh en relación con los stilyagis. Cuando terminaron con sus refrescos se pusieron en pie, nos dieron las gracias y se marcharon. LaJoie y yo nos quedamos.

– Gospodin – dijo LaJoie súbitamente -, antes utilizó usted una extraña palabra… extraña para mí, quiero decir.

– Ahora que los chicos se han marchado, llámeme «Mannie». ¿Qué palabra? – Fue cuando insistió en que la joven Tish también tenía que pagar. Dijo usted «Tone stapple», o algo parecido.

– ¡Oh! «TanstaafI». Significa algo así como «Nadie regala nada». Trataba de recordarle que lo que obtenemos gratuitamente a la larga resulta el doble de caro o pierde todo su valor.

– Una filosofía interesante.

– No es filosofía, sino hechos. De un modo u otro, cuando uno obtiene algo, paga por ello. – Me abaniqué -. Cuando estuve en Tierra oí que alguien decía: «Gratis como el aire». Aquí, el aire no es gratis, hay que pagar por él.

– ¿De veras? Nadie me ha pedido que pague por respirar. – Sonrió -. Tal vez debería dejar de hacerlo…

– Esta noche ha estado usted a punto de dejar de respirar. Nadie le pide que pague porque ya ha pagado. Para usted, es parte del billete; para mí es un impuesto trimestral.

– Empecé a explicarle cómo mi familia compra y vende aire a la comunidad, pero decidí que era demasiado complicado -. Pero los dos pagamos.

LaJoie pareció pensativamente complacido.

– Sí, comprendo la necesidad económica. Pero esto es una novedad para mí. Dígame, Mannie (mis amigos me llaman «Stu»), ¿he estado realmente en peligro de dejar de respirar?

– Me he quedado corto en la multa.

– ¿A qué se refiere?

– No está usted convencido. Pero los muchachos no tenían más dinero, y no podía cobrarle más a usted que a ellos. Debí hacerlo, ya que usted cree que todo fue una broma.

– Ni por un momento he pensado que fuera una broma, palabra de honor. Lo que ocurre es que me resulta difícil admitir que sus leyes locales permitan que un hombre sea condenado a muerte con tanta… ligereza, y por un delito tan trivial.

Suspiré. No es fácil convencer a un hombre de que está equivocado, cuando sus palabras demuestran que tiene unas opiniones preconcebidas y muy concretas.

– Stu – dije -, permítame explicarle unas cuantas cosas. En primer lugar, no existen «leyes locales», de modo que no podía usted ser condenado a muerte en virtud de ellas. En segundo lugar, su delito no fue trivial, y lo que yo alegué fue ignorancia por su parte. Y, finalmente, no puede hablarse de «ligereza», ya que a los muchachos les hubiera resultado muy fácil acabar con usted en el mismo local y abandonar después su cadáver en cualquier pasillo. En vez de eso obraron de un modo formal (¡buenos chicos!), e incluso pagaron para proporcionarle a usted la oportunidad de un juicio. Y no murmuraron cuando el veredicto no se aproximó siquiera a lo que ellos pedían. Ahora, ¿sigue habiendo algo que no esté claro?

Sonrió, y resultó que tenía hoyuelos, como el profesor; descubrí que me era todavía más simpático.

– Mucho, me temo que todo. Tengo la impresión de haber llegado al País de las Sorpresas.

Lo esperaba; habiendo estado en Tierra, sé cómo funcionan sus mentes. Un terráqueo espera encontrar una ley, una ley impresa, para cada circunstancia. Incluso existen leyes, en Tierra, para asuntos tan privados como los contratos. El colmo. Si la palabra de un hombre no tiene valor, ¿quién establecerá un contrato con él? ¿Acaso la reputación no vale nada?

– Aquí no tenemos leyes – dije -. Nunca han existido. Tenemos costumbres, pero no están escritas y no son coercitivas… aunque podría decirse que son leyes naturales debido a que responden a las normas de conducta que hay que observar para sobrevivir. Cuando apretujó usted a Tish estaba violando una ley natural… y estuvo a punto de buscarse la muerte.

Parpadeó pensativamente. – ¿Querría usted explicarme la naturaleza de la ley que violé? Será mejor que la entienda… o que me quede a bordo de la nave hasta que emprenda el, viaje de regreso. Para permanecer vivo.

– Desde luego. Una vez lo haya entendido, no volverá a estar en peligro. Verá, en Luna hay dos millones de varones y menos de un millón de hembras. Un hecho físico, tan básico como la roca o el vacío. Añada a eso el tanstaafl: «Nadie regala nada». Cuando una cosa escasea, su precio aumenta. Las mujeres escasean, y esto las convierte en la cosa de más valor en Luna, más valiosa que el hielo o el aire, ya que a los hombres sin mujeres les tiene sin cuidado vivir o no vivir. A no ser que se trate de un Cyborg, si le considera usted un hombre, cosa que yo no creo.

»En consecuencia – continué -, ¿qué es lo que pasa? Y tenga en cuenta que las cosas eran mucho peores cuando se estableció esta costumbre, o ley natural, en el siglo xx. Entonces, la proporción era de diez hombres por cada mujer, o incluso más elevada. Bueno, en primer lugar pasa lo que ocurre siempre en las cárceles: los hombres buscan a otros hombres. Pero eso no resuelve el problema porque la mayoría de los hombres quieren mujeres, y no se conforman con un sucedáneo mientras exista la posibilidad de conseguir lo auténtico.

»El frenesí sexual puede conducirles al asesinato… y por las historias que cuentan los veteranos, en aquella época los asesinatos de ese tipo estaban a la orden del día. Pero, a medida que transcurrió el tiempo, los que seguían estando vivos encontraron el modo de adaptarse a los hechos. Los que lograron adaptarse están vivos; los que no se adaptaron están muertos y no constituyen ningún problema.

»Lo cierto es que las mujeres escasean y que aquí hay dos millones de hombres que bailan al son que ellas tocan. Un hombre no puede elegir, una mujer tiene todas las de. ganar. Una mujer puede golpear a un hombre hasta hacerle sangrar; un hombre no puede ponerle la mano encima. Y usted abrazó a Tish, y tal vez intentó besarla. Supongamos que en vez de eso ella se hubiera marchado con usted a la habitación del hotel: ¿qué habría pasado?»

– ¡Cielos! Supongo que me hubieran hecho pedazos.

– No hubieran hecho nada. Encogerse de hombros y fingir que no lo habían visto. Porque la elección es privilegio de ella. No de usted. No de ellos. Exclusivamente de ella. Si se hubiese usted arriesgado a pedirle que le acompañara a su habitación del hotel, ella podría haberse sentido ofendida y esto hubiera autorizado a los muchachos a acabar con usted. Pero… bueno, tomemos esa Tish. Es una pequeña lagarta. Si exhibió usted ante ella el dinero que yo he visto en su bolsillo, es posible que se le metiera en la cabeza la idea de que lo que necesitaba en aquel momento era acostarse con un turista.

LaJoie se estremeció. – ¿A su edad? Me asusta pensar en ello. Es una menor. Podrían haberme acusado de violación.

– ¡Oh! Ni hablar, amigo. Las mujeres de su edad están casadas o deberían estarlo. En Luna no existe la violación. Los hombres no lo permiten. En un caso de violación no se hubieran molestado en buscar un juez, y todos los hombres al alcance del oído habrían acudido para ayudarles. Pero las probabilidades de que una muchacha de su edad sea virgen son desdeñables. Durante su infancia, sus madres las vigilan, con la ayuda de todos los ciudadanos: aquí, los niños gozan de seguridad. Pero al llegar a la pubertad no hay quien las sujete, y las madres renuncian a intentarlo. Si les da por trotar por los pasillos y divertirse, nadie puede impedírselo: cuando una muchacha es núbil, se convierte en su propia dueña. ¿Está usted casado?

Separación de poderes


OPINIÓN

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Hace unos días, en twitter, tuve una charla con Maese Iñiguez en la que él defendía que el sistema en el que vivimos no es una democracia porque no existe una auténtica separación de poderes. Defendía que con sistema tipo Sajón, con candidatos elegidos por un grupo específico de ciudadanos, 100.000 en este caso, y con una división “real” de los poderes los problemas del sistema actual terminarían. Esta persona, me recomendó leerme el libro “La Sencillez De Las Cosas” por Javier Torrox, donde se explora ese sistema, la República constitucional. Este vídeo explica un poco las tesis de dicho sistema.

No voy a entrar por ahora a valorar dicho sistema, porque aún no he leido el libro, y no me gusta criticar sin saber en profundidad, pero sí voy a criticar el concepto de división de poderes. En cualquier caso, creo que no solventa los problemas que planteo (ver más abajo).

La división de poderes todos la conocemos desde el colegio – al menos en mi época te lo contaban e imagino que por propio interés seguirá siendo así. Y sabemos que en España no se cumple, por ejemplo porque los políticos eligen a los jueces del supremo. La famosa frase atribuida a Alfonso Guerra lo dejó claro “Montesquieu ha muerto”. Sin embargo, ¿es realmente factible una separación de poderes?

El engaño básico detrás de la fantasía de la separación de poderes es ignorar como se financian esos poderes. Existe una dependencia ineludible entre los poderes en tanto se encuentran insertos en el Estado. El legislatívo regula los salarios de los jueces, diputados y gobernantes. El ejecutivo recauda los impuestos y los reparte. Un juez depende sí o sí de ambos poderes. Es imposible que esa conexión desparezca. ¿O no?

La República constitucional plantea que al ser los ciudadanos de cada distrito los que pagan a su diputado, el problema desaparece. Sin embargo eso solo ocurriría si lo hicieran voluntariamente, y me temo que no se plantea así, sino que lo recauda el ejecutivo coactivamente y luego reparte lo sustraido. Además, sigue siendo el legislativo en conjunto el que fija su sueldo,  al igual que los del ejecutivo y el judicial. Repito, no he leido el libro e ignoro si estos problemas se solventan de alguna marera. En cuanto lo lea, prometo un post al respecto. 

Ahora bien, imaginemos un mundo en el que la ley es la que viene dada por el derecho natural y la lex mercatoria, leyes no Estatales aplicadas entre los comerciantes durante la Edad Media en Europa, y que crearon en Inglaterra la Common Law, de nuevo, una legislación no Estatal. Imaginemos la existencia de tribunales privados, como los de arbitraje que exiten en la actualidad, en los que por cierto, no se dan casos de corrupción. Imaginemos agencias de seguridad privada, como las que se ven cada vez más por todos lados incluidos instituciones oficiales.

¿Quien paga a dichos poderes en un ámbito privado? Los ciudadanos, como ahora, pero voluntariamente. Sólo así puede haber una separación total y real de los poderes. Solo así esos poderes estarán subyugados al pueblo realmente y no a los politicos de turno.

PS: Sí, siempre se plantea el debate de la lucha entre las agencias de seguridad, de los ricos comprando a los jueces, acceso a de los menos favorecidos a la justivia, etc. Ninguno de esos problemas no se darían, como se discutirá en futuras entradas.

 Guillermo Quintana-Lacaci

 

¿El libre mercado genera consumismo?


ECONOMÍA

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Una de las críticas más escuchadas por los defensores del libre mercado es la de que este genera en los individuos una actitud compulsiva de consumo. Vamos a intentar ver en que se basan, en que se equivocan y como la libertad económica, lejos de generar consumismo, lo desincentiva.

¿Qué entendemos por consumismo? Todos hemos visto las largas colas de gente que espera la apertura de un Primark, Zara o el Corte Inglés, gente cuya única aspiración es comprarse el último modelo de móvil, ir a la moda comprándose un abrigo que no necesitan, etc…

Normalmente se asocia este comportamiento a la libertad económica, a la falta de conciencia de la gente sobre su autogestión. Es decir, se asocia la falta de capacidad de decisión de la gente sobre sus medios a la vez que se les impide aprender mediante regulaciones, prohibiciones, etc.

Pero, ¿es así? El afán de consumo viene dado precisamente por los incentivos perversos sobre el ahorro. No es la falta de regulación sobre la producción (controlar la oferta), sino la regulación sobre el ahorro (con impuestos e inflación) lo que favorece este consumismo. El ahorro está penado. ¿Para qué ahorrar si me sale más rentable endeudarme a la hora de un gran gasto y lapidarlo todo en pequeños?

Los impuestos progresivos sobre el ahorro desincentivan el ahorro y fomentan el gasto a corto plazo, generando el consumismo. No deja de llamar la atención que a la vez que se critica el consumismo se pida una política redistributiva y se pidan políticas de subvenciones que, en definitiva, fomentan el gasto, el consumismo. También se critica el consumismo a la vez que se piden estímulos a la economía (QE, planes E y similares, subvenciones) o políticas de expansión de crédito. A este respecto, decía Marc Vidal “El consumismo desaforado no precisa tener dinero, solo es imprescindible que alguien te lo deje”. En un libre mercado no hay regulaciones sobre el ahorro. Nadie te va a dar dinero por tu cara bonita. Es decir, existe la responsabilidad. Por tanto, la necesidad de ahorro e incentivos para no endeudarse infinitamente.

En este sentido, también se critica que al capitalista solo le interesa el dinero, y que está dispuesto a destruir a la gente por él. Todo lo contrario. Para un capitalista, el dinero es el medio (Ayn Rand: “El dinero es un vehículo poderoso. Te llevará a donde quieras. Pero no puede sustituirte como conductor.“). Es algo de mutuo acuerdo entre las dos partes para facilitar el intercambio. Sin embargo, la obsesión regulatoria de los socialistas de todo el espectro político llega también aquí: te obligan a usar el dinero del Estado, te dicen su valor y prohiben cualquier otro medio de intercambio. Esto es otro incentivo para el consumismo: gastar el fruto de mi trabajo, dinero estatal cuyo valor no lo decido ni influyó en él, en algo cuya pérdida de valor sea más díficil. De nuevo, en un libre mercado, al ser de mutuo acuerdo en el medio de intercambio, no ocurre esto.

Se podría decir que el empresario, al ofrecer productos, está generando consumismo. Pero no es verdad. El empresario, si quiere innovar o mejorar su oferta debe invertir, ahorrar, no consumir todo inmediatamente. Hay una diferencia apreciable. El consumo habido en un mercado no implica consumismo.

Otra idea que se podría argüir es que vivimos en un capiatlismo de amiguetes. ¿Es esto cierto? Me voy a abstener de dar la larga lista de implicaciones del gobierno en la economía. Me limitaré a decir que este nombre tan de moda para el corporativismo típico de la socialdemocracia es equivocado. Sí, hay empresas (muy pocas) que gozan de libertad y privilegios estatales. Pero es estúpido llamar a este sistema capitalismo, tanto como sería llamar democracia de amiguetes a una dictadura porque son pocos los que tienen libertad. Sería más acertado denominarlo socialismo de ricos. No es libre mercado lo que ha encumbrado a unos pocos a la posición dominante, sino la protección del Estado. Además, este segundo nombre es más correcto. El capitalismo tiende a eliminar estos oligopolios al permitir la entrada de gente al mercado sin ningún tipo de barreras. El socialismo, al ir poniendo cada vez más, tiende al monopolio, ya sea del Estado o de una empresa controlada por él. Desmontada esta idea equivocada vemos como, una vez más, el socialismo es el creador del consumismo: sus leyes impiden el autoabastecimiento.

Explicada la idea de que el libre mercado se carga el consumismo (tiene que ser incentivado desde el estado con regulaciones, privilegios sobre un denostado ahorro y mediante un sistema monetario y el mercado no necesita estado) me gustaría hacer una reflexión de como afectaría a nuestro planeta, que intentaré desarrollar en un artículo próximo. Sin consumismo, con un marco (el mercado) que permite el pensamiento a largo plazo, ¿sería expoliada la naturaleza tal y cómo muchos alarman que se hace hoy? ¿No se traduciría este pensamiento también a lo verde?

Pedro Aparicio

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